El rey en el norte, como si de Juego de Tronos se tratara, se dedicó en este caso a erigir castillos por doquier en este País de Gales.
Visita obligada es Conwy, bonito pueblo medieval que se extiende en torno a su espléndida fortaleza y protegido por una bastante bien conservada muralla.
Nos aplicamos en la visita de este castillo del siglo XIII que mandó construir, como los demás que veremos, el rey inglés Eduardo I para asentar sus conquistas en estos territorios, y en el que nació su primogénito del mismo nombre.
Empezamos por una película descriptiva de la historia de esta fortaleza, tras la cual nos aprestamos a recorrer sus diferentes estancias, la muralla con sus almenas y a subir y bajar a las diferentes torres.
Todo ello bajo un sol de justicia y a unos 30 grados, hasta que abandonamos el recinto y enfilamos las callejuelas del pueblo, las cuales, sin saber cómo nos conducen inexorablemente a un lugar llamado "Liverpool Arms", situado en el puerto y donde sirven unas pintas de cerveza bien fresquita que nos quita todos los sudores.
Como hemos desayunado fuerte en el hotel, no perdemos el tiempo en comer y nos dirigimos a nuestro siguiente destino, no lejano, en la población de Caernarfon. Su castillo es tan espectacular o más que el de Conwy.
Repetimos aquí el mismo ritual, incluidos sol y calor, que son los mismos, quizá aumentados por la hora.
Merece la pena el recorrido, con sus inevitables subidas y bajadas, en esta fortaleza que también hizo construir el ya citado monarca por el mismo tiempo. Incluso podríamos haber echado una partidita con este ajedrez gigante que nos encontramos en una de las dependencias.
Ya es por la tarde cuando cambiamos de registro y buscamos una temperatura más británica, adentrándonos hacia el interior, en el Parque Natural de Snowdonia, que ocupa una gran parte de este País de Gales en el que nos encontramos.
Llegamos así a Beddgelert, un precioso pueblo con aires serranos, muy pequeño, con sus casas de piedra, su río y su puente.
De lo más bucólico y apropiado para dar un relajante paseo entre el trinar de los pájaros y el rumor de las aguas que bajan bravas hacia el no lejano mar.
Y continuamos nuestro periplo de hoy, abandonando el parque natural, al que volveremos mañana y en los próximos días.
De camino hacia nuestro alojamiento, volvemos a cruzar el puente por el que se accede a la isla de Anglesey pero tomamos otra dirección para llegar al pueblo que tiene el nombre más largo del mundo. Se trata de "Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwlllantysiliogogogochh", como puede verse en la foto.
Así, como suena, 58 letras que significan "La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca del feroz remolino y de la ermita de la cueva roja". Y se quedan tan anchos.
Como el pueblo no tiene nada más de particular que su nombre, continuamos hasta la que será la última meta de este aprovechado día. Sin salir de la isla, llegamos a Beaumaris, localización del tercero de los cuatro castillos más destacados del norte de Gales.
Son como las siete y eso para estas tierras es muy tarde, por lo que el castillo en cuestión ya está cerrado. Así que nos conformamos con verlo por fuera mientras damos un paseo a la vera del mar. Y descubrimos, ¡oh casualidad!, otro "Liverpool Arms" en el que,sin embargo, sí es buena hora para cenar con otra pinta... de cerveza.
El hotel está muy cerca. Hasta mañana.









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