Toca reemprender el camino para adentrarnos ya en Gales. Mucho tráfico dominguero dado que hace un día espléndido de los que no se despachan muchos por estas tierras.
Llegamos en seguida a nuestro primer destino. Es Llandudno (habrá que ir acostumbrándose a estos nombres raros), bonita población vacacional con una playa inmensa con la que se alinea toda una multitud de hoteles de muy buen ver.
Recorremos el paseo marítimo hasta el final, de donde parte el típico "Pier" de estas poblaciones costeras que se adentra en el mar y que en este caso está repleto de tenderetes, juegos y atracciones básicamente dirigidas a los niños. El sol pega ya de lo lindo, así que terminamos nuestro paseo y decidimos dirigirnos a la zona de nuestro hotel, situado en la cercana isla de Anglesey.
Pasamos por la ciudad medieval de Conwy y vemos desde el coche su impresionante castillo, que visitaremos mañana.
Mientras, nosotros llegamos a nuestro "propio" castillo tras cruzar el angosto puente por el que se accede a la isla. No deja de ser este un capricho que nos hemos permitido como regalo porque resulta que hoy es también nuestro aniversario de boda.
El lugar es ciertamente impresionante. Y como llegamos a la hora de nuestro aperitivo, mientras lo tomamos decidimos disfrutar del sitio, francamente interesante tanto en su interior...
como en su exterior, que recorremos descendiendo por los jardines hasta el borde del mar que nos separa ahora de la gran isla británica.
Ya puestos, nos tomamos el resto del día en plan relax. Y dedicamos un rato a la lectura antes de cenar aquí.
Ya habrá tiempo mañana de machacarse en Conwy.





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