Mientras buscábamos un parking aprovechamos para hacer una especie de tour panorámico por nuestra cuenta. Llegamos así hasta la Universidad y al lado, el castillo, que vimos por fuera bordeando su muralla.
Así que serían solo las nueve de la mañana cuando, una vez depositado el coche en el parking de un centro comercial (solo 11€ las 24 horas), iniciamos nuestro recorrido en este sábado de junio que ya se vislumbra más caluroso que el día anterior. Callejeamos inicialmente sin rumbo fijo por esas calles tan típicas del centro hasta que vimos una enorme librería con cafetería en la planta superior y decidimos entrar a hacer alguna compra y desayunar leyendo el periódico (tenían "El País ").
Tras dar buena cuenta de un estupendo plumcake típicamente británico nos dirigimos al lugar más emblemático de Chester: la gran catedral cuyos inicios datan del siglo XI.
Espléndida, una joya, con numerosos elementos dignos de mención, al menos para profanos como nosotros en cuestiones artísticas: las vidrieras, el órgano, la decoración de las paredes laterales, etc.
Y fuera un claustro digno de mención, además muy diferente de los que estamos acostumbrados a ver, presidido en el centro por una preciosa fuente que esperamos se aprecie en las fotos.
Un lugar bellísimo en el que se respira una tranquilidad impresionante y del que disfrutamos un rato antes de abandonar el recinto pasando por el refectorio hoy convertido en cafetería como modo de allegar recursos, además de la tienda de recuerdos, porque al parecer no reciben ayuda ninguna ni de administraciones públicas ni de la Iglesia de Inglaterra. Y hay que destacar que el acceso es gratuito.
Cuando salimos aprieta ya el calor para lo que son estas tierras pero aún quedan puntos de interés en esta ciudad que es la única que queda en Inglaterra totalmente amurallada.
Así que emprendemos camino por esa muralla, que es transitable, hasta que llegamos al Anfiteatro romano (hasta aquí llegó el Imperio y se quedó unos doscientos años) junto al que se encuentra un meritorio jardín también romano.
Al lado se encuentra la iglesia de San Juan Evangelista, que data del siglo VII y que fue en su momento la catedral de Chester. No tan espectacular como la otra pero también interesante y cuyo órgano fue diseñado por el compositor Mendelssohn (el de la marcha nupcial).
Retomamos en este punto la muralla para volver al centro y buscar el abrevadero más conveniente porque ya es más de la una y hace un calor casi madrileño. Tenemos, pues, que buscar aire (acondicionado) y lo encontramos en el Grosvenor Chester, lugar que ya habíamos detectado la noche anterior y en el que estábamos tan a gusto que al rato decidimos pasar al comedor.
Una sobremesa agradable en un día que estaba siendo perfecto hasta que decidimos resguardarnos del calor en nuestro hotel, muy próximo, y nos encontramos al llegar con que ni nos habían hecho la cama ni limpiado el baño... En fin, un panorama. Y cuando bajamos a la "recepción", o sea, al pub a pedir explicaciones nos dicen que así es la cosa; contestamos que eso no es normal y dicen que para ellos, sí; decidimos que entonces nos vamos, pedimos que nos devuelvan la noche que no vamos a estar y que nos habían hecho pagar por adelantado y nos contestan con cajas destempladas. Ya hemos reclamado a Booking la incidencia, que es la primera vez que nos ocurre. Y mientras si a alguien se le ocurre alojarse en este llamado Fifteens of Chester que sepa que le van a cobrar 120€ por noche y se va a tener que hacer la cama y limpiar el baño.
Con las mismas, cogimos nuestros bártulos y nos desplazamos 200 metros hasta el hotel donde habíamos comido. Con algún retraso, pero tuvimos nuestra siestecita.
Después con otro paseo vespertino cerramos el capítulo Chester, ciudad muy recomendable para visitar y donde nació, por cierto, Daniel Craig, el protagonista de las últimas películas de James Bond.






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