No nos queda más remedio que abandonar este estupendo Chateau Rhyanfa y encaminarnos hacia el sur para volver a adentrarnos en el Parque Natural de Snowdonia.
Transitamos por un impresionante y casi interminable valle, tan verde o más que el de aquella antigua película protagonizada por Maureen O'Hara en 1941 bajo la dirección del maestro John Ford. El mismo valle que apreciábamos ayer desde las alturas mientras subíamos a la cumbre en el tren.
Y llegamos a una especie de mirador donde un hito señala el pico del Monte Snowdon, encontrándonos con la insólita presencia de la gaviota montañera, como la llamamos.
Lo nunca visto, creo.
Continuamos adentrándonos en el parque a través de otros valles...
Entre bosques, vericuetos y curvas en la carretera...
Nuestro siguiente destino tras tan ecológico recorrido era un lugar llamado Portmeirion, que se anuncia como un pueblo al que se hubiera trasplantado algo de Italia, por su concepción arquitectónica, pero que ni es un pueblo ni es nada más que un conjunto formado por tiendas, hoteles y demás, una especie de parque temático con una garita a la entrada donde te piden 12 libras esterlinas para pasar.
Media vuelta y a otra cosa.
Decidimos dirigirnos entonces a Dolgellau, este sí un auténtico pueblo. Muy interesante con sus casas todas de piedra y que bien merece un paseo por sus callejuelas, aunque solo sea para llegar aquí
Nos refrescamos el gaznate y nos encaminamos a nuestro siguiente alojamiento, en Fairbourne, a la vera del mar, a donde no tardamos en llegar. Nos cuesta un poco localizarlo porque se accede por una estrecha vereda que pasa bastante desapercibida.
Tenemos unas vistas tan impresionantes desde nuestra terraza, que decidimos quedarnos un rato a disfrutarlas. Tiempo de relax.
Salimos luego a dar un paseo por el pueblo y hasta la playa, que es enorme pero de piedras. Tras lo cual localizamos cerca un lugar apropiado para cenar algo y culminamos el día.






No hay comentarios:
Publicar un comentario